domingo, 21 de febrero de 2016

Histerias para no dormir

No sé dormir.

No es que no pueda. No es que no quiera. Es que ya no sé. Así de complicadamente sencillo.

Os prometo que sigo todos los pasos. Me doy las buenas noches, cierro los ojos con llave e intento abandonarme, pero al final siempre acabo encontrándome mal. ¿Acaso hago algo de manera incorrecta? No le encuentro explicación lógica. Antes esta técnica me funcionaba sin ningún problema. Me habían dicho que esto era como montar en bici. Supongo que yo nunca podré correr el Tour.

No os voy a engañar, hubo un tiempo en que era todo un experto en la materia. Podría haber escrito una tesis doctoral sobre dormir si hubiera pasado más tiempo despierto. Sin embargo, desde hace unas semanas el insomnio se ha convertido en mi nuevo estado civil.

Y lo he probado todo, no tengo ningún reparo en admitirlo. He escuchado nanas en bucle, he contado rebaños hasta quedarme como una cabra, he participado en catas de somníferos… hasta he intentado leerme las obras completas de Dostoievski. Nada ha funcionado. Las ojeras se han convertido en uno de mis rasgos característicos y me he visto obligado a crear un lenguaje de signos compuesto únicamente por bostezos. Últimamente veo más al techo de mi habitación que a algunos familiares.

Descansar estaba bien, pero lo que más echo de menos de dormir son los sueños. Acostarse y dejarse llevar. Suena demasiado bien. Llamadme fantasioso, pero echo de menos creerme esa realidad ficticia, entrar en ese cine egocéntrico del que eres único espectador. Mataría por una pesadilla, aunque sea una de esas que no quitan el hipo. En mis largas noches de vigilia, de vez en cuando organizo simulacros de ensoñación. Se me da muy mal fingir, así que al final todo sale mal. Soñar despierto está sobrevalorado.

Esta noche volveré a intentar consultarlo con la almohada, pero me da que, una vez más, voy a acabar hablando solo. Seguiré despierto cuando todos los gatos sean pardos, a pesar de llevar muchos días sin despertar. Esperando un golpe de sueño que me deje secuelas para toda la vida. Fracasando sin descanso.

Cuando tenía razones para despertarme, dormir se me daba mejor.