miércoles, 27 de julio de 2011

Corazones rotos anónimos

-Hola, me llamo Silvia y tengo un corazón roto. Podría estar perfectamente si no fuera porque el amor convierte al corazón en el órgano más vulnerable de nuestro cuerpo. Y nunca había estado tan enamorada. Nunca nadie me había hecho sentir tanto amor como él. Nunca nadie me había hecho tan feliz como él. Pero tampoco nunca nadie de quien estuviera enamorada me había pegado. La primera vez nos sorprendió a los dos. Se disculpó e intentamos hacer como que no había pasado. Pero cada vez se volvió más frecuente. Y más fuerte. Con cada golpe se abría una nueva grieta en mi corazón. Sus disculpas parecían funcionar como cura al principio, pero demostraron ser un placebo. Acabó rompiendo mi corazón en mil pedazos. Y ahora tengo un corazón destrozado. Nunca volverá ser el que era. Parece imposible que vuelva a funcionar correctamente.

-Hola, me llamo Matías y tengo un corazón roto. Pero no me pertenece. Desde luego que no. Hace mucho tiempo que es de ella. Consideré que como llevaba tanto siendo suyo no podía hacer más que entregárselo para certificar que era totalmente de su propiedad. Al principio ella lo trató con el mayor cuidado posible y el riesgo de taquicardia era constante. Pero, al parecer, cuidar de un solo corazón le parecía insuficiente y decidió buscar más. Disfrutaba tanto jugando con otros corazones que descuidó el mío. Me costó mucho recuperarlo, pero cuando lo hice descubrí que sus latidos eran cada vez más lentos. Ahora vuelvo a tener que cuidar de él yo solo, vigilando que nunca haya un paro cardíaco y consciente de que nunca volverá a latir con tanto amor como antes. Tengo un corazón roto. Y ni siquiera me pertenece.

Como cada día, yo observaba aquella reunión de corazones rotos anónimos desde el fondo de la sala. Las personas que formaban aquel corrillo se iban levantando de una en una y contaban su historia. Llevaba meses acudiendo diariamente, escuchando cientos de testimonios. Y ya estaba harto. Escuchar las historias de aquellas personas no me había ayudado para nada. Iba a dejar aquella triste habitación para nunca volver cuando lo comprendí. Escuchar no era la única acción que había que llevar a cabo en aquella sala. Me levanté y me aclaré la voz.

-Hola. Yo también tengo un corazón roto.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

hola me llamo brenda y tengo el corazon roto ase poo terminams con el amor de mi vida siete aaños estuvimos junto y termino todo x culpa de su familia tenemos dos hijos juntos estoy muy dolida.tengo ganas de morirme nose k aser

Anónimo dijo...

También tengo un corazón roto... destrozado, me lo destrozo! Lo amé tanto, fue mi angel y se convirtió en mi demonio! Tengo el corazón roto y me duele mucho. Destrozó mi luz y sonrisa. Ahora solo veo un tunel negro y lagrimas amargas!